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jueves, 30 de junio de 2016

Descargo atrasado en vista de sucesos recientes

La renuncia de Messi a la selección argentina (y la subsecuente reacción popular ante ella) pone de manifiesto varias cosas que vengo pensando desde que tengo uso de razón y que siempre me impactaron mucho. Aquí mi descargo debido hace muchos años.

La pregunta incial es: ¿qué le cambia a los argentinos lo que decida Messi con su futuro laboral? Claro que la pregunta está descontextualizada a propósito, pero precisamente porque sirve para ampliar el contexto del hecho. Por ejemplo, si esa misma pregunta la hacemos de un presidente o de un ministro de economía, la respuesta podría ser que lo que les cambia a los argentinos (si los funcionarios deciden renunciar, cambiar de puesto, presentarse a re-elección, negociar con X país o empresa, etc.) es su propio futuro y estabilidad económica, para bien o para mal, dependiendo el caso. La estabilidad económica es fundamental para una vida sana y feliz. Por lo tanto, en las decisiones políticas de los funcionarios se ponen en juego la salud y la felicidad de los ciudadanos.
¿Qué bases para una vida sana y feliz están en juego con la renuncia de Messi? Y acá entran muchos planteos que me dan vuelta en la cabeza siempre: 

1) Lo que creemos importante lo aprendemos cuando somos chicos de nuestros padres y de nuestro entorno en general. Si mi viejo es el tano Pasman, es difícil (aunque no imposible) que no me importe qué decisiones toman los jugadores o el DT de River. Desde chicos nos enseñan a ser de un cuadro. Del cuadro que somos depende casi exclusivamente de nuestros padres, nuestra ciudad y nuestro barrio. Todo el sentido de pertenecer a un cuadro de fútbol es justamente el enfatizar un sentimiento tribal (donde se marca el límite entre "ellos" y "nosotros"). Y nos enseñan que es algo importante, una decisión que debemos tomar y que define de qué lado estás. Entonces, como el caso del nene que fue filmado por sus padres (que no vi pero leí que pasó) debe haber decenas de miles en todo el país. Y entonces, que lo hayan filmado y publicado es un corolario nefasto pero lógico dentro de esta naturalización de "la pasión por el fútbol". Porque si los padres no se preocupan de que su hijo chiquito (y si fuera grande, peor en realidad) está llorando por una persona que no conoce ni conocerá y cuya decisión no lo afecta ni a él ni a su familia ni a su entorno ni a su futuro, es porque ven un bien en que se ponga triste por eso. Y aunque no haya mala intención (que en general, no la hay), este tipo de apasionamientos de los niños por partidos de fútbol, como pueden ser también enojos e insultos además de tristezas, suele ser visto como algo tierno, propio de la inocencia infantil. Yo creo firmemente en que hay que desnaturalizar ese tipo de reacciones, justamente porque el niño repite lo que ve que hace su familia y lo internaliza como bueno, cuando en realidad son reacciones exageradas a situaciones que no lo ameritan. Si un chico ve morir a su padre, tiene sentido que se ponga muy triste; si se le cae un sanguche al piso, no. 

2) El quid de la cuestión con Messi, me explicaban el otro día, está en la presión que recibe éste por parte de los argentinos que odian no salir primeros (y que por tanto quieren que se vaya, porque no ayuda a ganar). Pero no todos los argentinos opinan lo mismo, y otros quieren que se quede porque entienden que hace lo mejor que puede y por tanto no le meten presión y lo apoyan pase lo que pase.
Entra ahora la palabra "exitismo", que significa un valor supremo por el éxito y un rechazo total por el fracaso. Lo que escuché muy poco que entrara fue la palabra "empatía", que significa el compadecimiento por el sufrimiento ajeno, como si fuera propio. Porque la discusión no parece girar en torno de cómo estaría mejor Messi (si adentro o afuera de la selección), sino cómo estaría mejor Argentina, la sociedad, yo. A la mayoría no le importa realmente lo que esté sufriendo o no Messi, sino que lo importante es no volver a perder. Entonces estoy de acuerdo en que no hay que eclipsar cualquier esfuerzo completamente si no se llega al primer puesto, que es el premiado objetivamente; pero este exitismo no se combate con un contra-exitismo igualmente egoísta. Messi no va a dejar de estar presionado jamás así, porque todo el mundo juzga lo que hace o no hace, ¡pero en definitiva no lo dejan hacer lo que él realmente quiera! Y esto justamente porque supuestamente tiene el rol divino de representar a su país, siendo que trabaja en un aspecto tan importante a la patria como lo es el fútbol.

3) Y es que la sensación general es esa: los jugadores son próceres nacionales. Sus proezas en la cancha son hitos en la historia de la patria. La sociedad argentina toda se construye como tal cada vez que juega la selección.
El fútbol sirve el propósito que servía el teatro en la antigua Grecia, nada más que en vez de personificaciones de la Naturaleza, la vida y el destino del ciudadano (y, en gran parte, de la humanidad), los que producen la catarsis son personificaciones del espectáculo, la victoria, la habilidad psico-motriz y la salud física de un país.

4) La gran pregunta que se asoma por todas estas disquisiciones: ¿qué significa ser argentino? Porque no me parece correcto decir "llegamos a cuartos de finales" cuando en realidad fue un equipo de fútbol al que no pertenezco el que lo hizo. Aunque la selección exista justamente para representar al país frente a los demás países, tendríamos que aclarar qué entendemos por "país" o "patria". Al país tal vez no sea difícil definirlo (conjunto de territorio, cultura-idioma, Estado, ciudadanos nativos y naturalizados), pero ¿y la patria? ¿Por qué la selección nos representa tanto o más que el gobierno, el cual es elegido por la mayoría y (de alguna manera...) efectivamente se encarga de hacer que exista un país al cuidar todo eso que está en el otro paréntesis? ¿El equipo de fútbol nacional cuida la cultura argentina? Y si es así, ¿la cuida más cuando gana que cuando pierde? Si el fútbol es parte intrínseca de la cultura argentina, ¿ésta se preserva mejor si el equipo nacional juega bien (o en realidad: mejor que los demás)? ¿El go será menos chino o representará menos a China si sus ciudadanos son muy malos jugándolo? Encima estamos hablando de un deporte que no se inventó en Argentina, así que una analogía mejor podría ser: si jugadores surcoreanos comienzan a perder frente a jugadores franceses en competencias de Starcraft, ¿representará menos el Starcraft a Corea? ¿Tiene sentido que el Starcraft represente a Corea del Sur (más allá de si lo representa efectivamente o no)?
Y otro punto sobre pertenecer a la patria: ¿todo ciudadano forma parte de Argentina? ¿Y los no-ciudadanos? ¿Inmigrantes legales o ilegales/refugiados/turistas? ¿La patria es el otro? Pero el otro no se acaba en el límite político del mapa (la cultura tampoco, para el caso; las ciudades fronterizas siempre tienen mezcla de costumbres). Entonces la humanidad es el otro... ¿y la patria qué es? La única conclusión a la que llego es que, como su nombre lo indica, es la idea (más que la realidad) de que el lugar y la sociedad en los que nacemos nos "conciben", como si de padres se trataran. Esto es algo que ya Platón puso en palabras, cuando en la República propone la mentira noble de hacerles creer a los ciudadanos que literalmente fueron concebidos por la tierra y que unos son por nacimiento mejores que otros (y por tanto deben ocupar los espacios correspondientes en la sociedad). Y si bien Platón fue un genio, acá la pifió, aunque evidentemente captó la esencia del sentimiento patriótico: la estructuración como normal y deseable del vínculo puramente emotivo con la abstracción de una identidad difusa, con características esenciales muy relativas.

En definitiva, ¿soy un anti-patria entonces? Sí, porque, en los términos que expuse más arriba, soy un anti-tribu, un pro-humanidad. Estoy en contra de la construcción colectiva de la identidad, siempre que esconda a las personas debajo de supuestas categorías de objetividad o unanimidad cuando no las hay. Si formo un grupo de apreciación del cine con gente cinéfila, y a todos nos gusta el cine (el que sea, como sea), tiene sentido que apoyemos a uno de ellos que estrene una película suya en un festival. Hasta nos sentiríamos representados, de alguna manera, en esa película (y hasta por ahí nomás, si toca temas discutidos y elaborados en el grupo, por ejemplo). Si formo un grupo de adoradores del sol sólo porque hay otro grupo de adoradores de la luna y otro de adoradores de la tierra, no tiene ningún sentido. Y menos sentido tendría pedirle a uno de los mejores miembros que se vaya o se quede después de que se quemó la vista por ver directo al sol, independientemente de lo que él tenga ganas.














lunes, 30 de mayo de 2016

Cosas locas que te pasan en la vida I

Voy a tomarme el tren cuando me increpa una señora de unos 55 años, bajita y rubia, que caminaba hacia mí:
—No vayas tan ligero vos.
La miro, sacado de mi ensimismamiento, y veo que se pone enfrente mío.
—¿Cómo? —le pregunto, ahora que me es evidente que me habla a mí, mientras busco por qué me había dicho eso.
—¿"Cómo"? —me responde con un tono de complicidad que yo no comparto para nada. Frente a mi silencio, vuelve a la carga— ¿Federico?
Entonces vino una sensación agridulce de ver mi miedo aplacado (ya que la extraña me había increpado porque me conocía) a la vez que mi vergüenza crecía (ya que yo no podía recordar en absoluto quién era ella).
—Sí —respondo, dejando ver que no la ubicaba en mi memoria para nada. Luego me dice su nombre, lo cual me confunde más pero me obliga a reparar mejor en su rostro, que ahora parecía despertar un débil destello en mis recuerdos. Crece mi vergüenza  cuando sigue un abrazo y un comentario de que lo mucho que había crecido. Por mi mente cruza la fugaz idea de confesar que la desconocía, pero decido descartar esa opción por cortesía, vergüenza y porque el hecho de no recordarla para nada significaba que no había sido nadie importante en mi vida.
—¿A dónde vas? —pregunta luego, y yo le agradezco por dentro porque, al no entender la relación entre ambos, no sé qué contarle más que eso mismo.
—A la UNSAM; la Universidad de San Martín. Hay un ciclo de charlas de filosofía que me sirven para el tema que estoy investigando para el doctorado —respondo yo, tratando de indagar en sus expresiones qué tan enterada está de mis estudios y ocupaciones. Su rostro no me revela mucho, y el alcance de su conocimiento sobre mi vida continúa siendo un misterio para mí.
—Cuidado... —dice ella, con un tono de preocupación digno de una película de espías o de zombies.
—¿Por...? —pregunto, mientras intento pensar qué le puede estar pasando por su mente. Se me ocurre que pudieron haber pasado algo en las noticias y, como es usual, no esté enterado.
—San Martín siempre tuvo tendencia... —dice en voz baja.
—¿Tendencia a...? —pregunto, previendo que para ella hay un peligro inminente allí, pero sin entender cuál. Inmediatamente después me doy cuenta de lo que quiere decir.
—Kirchnerista —completa ella. A continuación, con una neutralidad galopante (porque no sé discutir, no sé por dónde empezar y no sé qué sentido tiene en tan extraño momento) escucho cómo habla de la UNSAM como un Chernobyl ideológico o un nido de ratas rabiosas. En mi estupor, le cuento que simplemente voy a una conferencia de filosofía, con la naturalidad que la situación amerita. Ella reitera su preocupación de que hay MUCHA tendencia y predica que se deberían dar todas las ideologías y no una sola. Continúo sin discutirle y aclarando que no puedo opinar porque no conozco el ambiente. Ella finalmente concluye el tema y se prepara para despedirse, deseándome suerte con lo mío (en ese momento me doy cuenta de que muy enterada no está de lo que estoy haciendo porque pregunta si era psicología lo que estudio). Nuevo abrazo, saludo para mi mamá y toda una tarde de perplejidad y reflexión sobre la vida como ficción.

lunes, 25 de enero de 2016

¿Cómo somos más fácilmente manipulables?

En estos días me surgió esta pregunta con la que reabro el blog después de un tiempo largo sin subir nada. La pregunta se puede responder en varios aspectos, pero el que me interesa en este momento es el que tiene que ver con el grado de emocionalidad con el que se involucra uno en algún tema. Dicho más simplemente: ¿somos más manipulables siendo hipersensibles o insensibles? La respuesta más inmediata (también condicionada por cómo hice la pregunta) sería decir: "el justo medio". Ser demasiado pasional resulta en una exageración de la realidad y las consecuencias de los hechos presentes, pero ser demasiado abúlico lleva a exagerar igualmente las cosas al tratarlas de poco importantes o decisivas para uno (aún en casos donde una situación nos perjudica gravemente). Los extremos son, entonces, "saltar por todo" o "dejar que te pasen por encima", digamos.

Ejemplo de una cadena de cines venezolanos de que la redundancia absurda no es difícil de sostener, cuando se quiere.

La cuestión es: ¿existe un punto medio real y factible? ¿O siempre tendemos más para un lado que para otro? En mi caso particular, me es mucho más fácil decir que habría que tender hacia la indolencia, tratando de no sobrepasarse, pero alejándose mucho de la hipersensibilidad. Pero eso es porque mi forma de ser ya es así y me condiciona a seguir esa tendencia. Mi carácter me muestra que involucrarse, participar, estar activo, no necesariamente significa ser efusivo. Uno puede ser muy religioso y no hacerse la señal de la cruz tres veces cada vez que pasa por la puerta de una iglesia; o puede gustarle mucho el fútbol sin gritar como desaforado cada vez que su equipo mete un gol.




Pero lo que quiero analizar acá es más bien la pasión en lo que se refiere a la ideología o la postura política, social, económica. El que es más evidentemente apasionado precisamente no necesita justificar su postura, aunque ataque o defienda con uñas y dientes sin fundamento. Entonces, ¿qué conviene? ¿Conviene intervenir en cada posible discusión que aparezca? ¿O quedarse callado y dejar las cosas libradas a la suerte o el destino? Yo creo que el mejor método es la resistencia no-violenta; esto es, no una resistencia pasiva (que sería violenta para uno mismo) sino una actividad templada por la sencillez, la tranquilidad y la autenticidad (como el título del blog indica). Porque es más fácil fanatizarse si uno es apasionado que si no lo es. La abulia, al menos, no genera escuela; es siempre ensimismamiento. Por lo tanto si caigo en un extremismo, prefiero ser en extremo pasivo.
Claro que con esta frialdad se puede terminar siendo en extremo insensible e igualmente hacer miserables a muchas personas. Hace poco vi Metrópolis (de 1927) y su máxima "El mediador entre el cerebro y las manos debe ser el corazón" me sigue resonando. Aunque Lang se haya arrepentido de la frase, por su sencillez dice mucho y me parece digno de atención. Durante la película se remarca constantemente, y precisamente porque en aquella época (no muy diferente en ese aspecto de la nuestra) la insensibilidad de grandes empresarios anulaba la libertad y la vida de quienes trabajaban para ellos. Entonces en ese caso sí me parece apropiado decir: "¡sintamos; después pensemos!". En nuestra sociedad argentina, pasional, violenta y acrítica (sobre todo con uno mismo), yo mantengo que lo necesario es lo opuesto: ante la indignación y el enojo, estudiar todas las aristas de una cuestión y recién después formar un juicio. Esto no implica sofocar esa pasión, sino recalibrar su potencia, canalizarla y redireccionarla. Sobre todo en la actualidad red-socializada, que se compone en un 75% de indignaciones, enojos y sus respectivas respuestas indignadas y enojadas. (A propósito de eso, recomiendo enormemente guardarse esta página y entrar día por medio: http://seraverdad.tumblr.com/). Porque el paranoico, el que está todo el tiempo esperando que se acabe el mundo, encuentra signos de su predicción en todos lados, y por lo tanto es muy fácil manipular su opinión (si se la necesitase; y la mayoría de las veces los manipuladores se nutren de los paranoicos para propagar el miedo y la desconfianza). Y la manipulación más común es siempre momentánea, porque es aquella que se basa en nuestras pasiones que son nuestras respuestas automatizadas (la racionalización también es un mecanismo, pero al menos es más infrecuente).
Así que bienvenidos son a criticar o comentar a conciencia estas ideas, porque con eso nos ejercitamos y formamos.


martes, 29 de septiembre de 2015

De la conciencia, la imaginación y el materialismo

La inmaterialidad es algo difícil de demostrar, porque demostrar implica dar pruebas observables, medibles, repetibles, objetivas, y nuestros sentidos (el puente más directo que tenemos con la realidad objetiva) captan únicamente lo material: luz, sonido, textura, etc. Siempre tuve la intuición de que la realidad no estaba hecha pura y exclusivamente de materia, pero al ser más difícil de probar, nunca pasó de ser una intuición.1
Sin embargo, hace unos años encontré una prueba muy sencilla y patente que cualquiera puede poner en práctica en cualquier momento. Consiste en imaginarse algo (un perro, un árbol, o lo que sea) y luego preguntarse: ¿dónde está lo que imagino? La analogía con la informática es inevitable (tal vez por el contexto histórico en el que vivimos), por lo que también se puede preguntar: ¿en qué pantalla se proyectan las imágenes almacenadas en la memoria? Porque si puedo ver lo que estoy imaginando, y sólo existe lo material, este ovejero alemán que me estoy representando en mi imaginación se debería estar proyectando en algún lugar de mi cuerpo. Pero la conciencia (el conocer que conozco; el ver lo que me represento) me está demostrando que no hay un lugar completamente físico para aquello que imagino. Claro está que existe un soporte material para dichas representaciones y que todas las imágenes que vi en mi vida de ovejeros alemanes (sus "píxeles", por así decirlo, la estimulación que provocó la luz en mis nervios oculares al rebotar en las diferentes partes de los perros) llegaron a mi cerebro y se almacenaron allí y por eso puedo luego imaginarme un perro sin tener el estímulo directo. Eso no está en duda. Pero es una explicación incompleta. Que el proceso sea físicamente complejo no implica que sea suficiente para causar absolutamente (es decir, independientemente de algo inmaterial) todos los fenómenos psíquicos. Un programa puede ya hoy en día diferenciar rostros u otras cosas y separarlos del fondo, pero el hecho crucial está en que la máquina no reconoce lo que hace. No diferencia un perro del fondo en una imagen; simplemente separa píxeles y los agrupa siguiendo mecánicamente el código que le indica qué debe "hacer". Es como decir que un termómetro distingue entre una persona con fiebre y una persona sana. En realidad somos nosotros los que hacemos tal diferenciación observando lo que el termómetro muestra; el mercurio reacciona como no puede de otra manera.
Más aún, si las imágenes se proyectan en algún lado en mi cerebro, ¿qué órgano lo capta? Y si existiera un órgano que capta las imágenes que proyecto, ¿qué órgano a su vez las recibe e interpreta? Una explicación así cae en un círculo vicioso. La respuesta más coherente entonces parece ser que esas imágenes no están en sí en ningún "lado", si bien sus partes (las impresiones neuronales que dejaron los estímulos) están almacenadas en el cerebro. Hay entonces una codificación de los datos sensibles y una decodificación posterior, por así decirlo, pero el problema está en "quién" realiza esa decodificación y, sobre todo, "quién" recibe, lee o interpreta lo decodificado.
El mismo experimento se puede probar con la música, por ejemplo, para una demostración tal vez más evidente (el sonido parece tener más inmaterialidad). Y se puede hacer la misma pregunta: ¿En qué lugar de mi cerebro se reproduce Yesterday en este momento? Si hay algo que actúa como una aguja en un disco de vinilo, ¿hay sonido real dentro de mi cabeza? ¿Se podría grabar con un micrófono de alguna manera?

Estas preguntas no son nuevas ni es un tema que se pueda resolver de un día para el otro; la Gestalt ya trató de diversas maneras estos problemas (ver "fenómeno fi", con respecto al movimiento, cosa inmaterial si las hay: https://es.wikipedia.org/wiki/Fen%C3%B3meno_phi); Daniel Dennett intenta dar una explicación desde el materialismo en "Conciusness explained" (que leí en parte) y las neurociencias siguen avanzando, descubriendo cada vez más detalles del cerebro (cosa que admiro y promuevo). Simplemente quería compartirles mi opinión y mis fundamentos al respecto y preguntarles a ustedes qué piensan.
Objeciones, comentarios o correcciones (sobre todo a la parte informática o neurológica, que no conozco en profundidad) son más que bienvenidos.





1 La gran mayoría de las veces parto de una intuición y luego busco comprobarla, lo cual es bueno por un lado porque me impulsa a descubrir cosas nuevas y a conocerlas mejor, pero por otro lado es peligroso porque esa intuición puede estar disfrazando un prejuicio o un pre-concepto que no debería alimentar ni mucho menos intentar probar objetivamente. Y creo que todos o casi todos funcionamos igual, pero esto también es una intuición.

miércoles, 1 de julio de 2015

Textos para rumiar 2

Esta vez es el turno de Joseph Campbell (que seguramente vuelva en algún momento porque acabo de terminar de leer los 4 tomos de "Las máscaras de Dios", y hay muchas ideas interesantes). Recuerden que las negritas son mías para hacer énfasis en lo que me llama la atención. Pues bien, para él, hoy en día:
"el centro de gravedad, o sea, del reino del misterio o del peligro, ha sido eliminado definitivamente. Para los pueblos cazadores primitivos de los más remotos milenios humanos, cuando el tigre de colmillos de sable, el mamut y el reino de las presencias animales menores eran las manifestaciones primarias de lo que era ajeno —al mismo tiempo la fuente del peligro y del sustento—, el gran problema humano era establecer una liga psicológica con el hecho de compartir la selva con estos seres. Una identificación inconsciente tomó lugar y esto finalmente tomó conciencia en las figuras mitad humanas mitad animales de los antecesores totémicos mitológicos. Los animales se convirtieron en los tutores de la humanidad. Por medio de actos de imitación literal —como vemos ahora en los juegos de los niños (o en el manicomio)— se llegó a una aniquilación efectiva del ego humano y la sociedad alcanzó una organización cohesiva. En forma similar, las tribus que se sostenían con alimentos vegetales, se reunieron alrededor de la planta; y los rituales de la siembra y de la cosecha se identificaron con los de la procreación humana, el nacimiento y el progreso hacia la edad adulta. Sin embargo, tanto la planta como el mundo animal fueron sometidos al control social. De allí que el gran campo del milagro instructivo se moviera hacia los cielos y la especie humana pusiera en vigor la gran pantomima del sagrado rey luna, del sagrado rey sol, y del estado hierático y planetario, y también los festivales simbólicos de las esferas que regulan al mundo.
Hoy todos estos misterios han perdido su fuerza; sus símbolos ya no interesan a nuestra psique. La noción de una ley cósmica, que sirve a toda existencia y ante la cual debe inclinarse el hombre mismo, hace mucho que pasó a través de las etapas místicas preliminares representadas en la astrología antigua y ahora es algo que se da por sabido en términos meramente mecánicos. El descenso de los cielos a la tierra de las ciencias occidentales (desde la astronomía del siglo XVII a la biología del siglo XIX) y su concentración actual, por fin, en el hombre mismo (en la antropología y la psicología del siglo XX), marcan el camino de una maravillosa transferencia del punto de enfoque del asombro humano. Ni el mundo animal, ni el mundo de las plantas, ni el milagro de las esferas, sino el hombre mismo, es ahora el misterio crucial. El hombre es la presencia extraña con quien las fuerzas del egoísmo deben reconciliarse, a través de quien el ego debe crucificarse y resucitar y en cuya imagen ha de reformarse la sociedad. El hombre, entendido no como “yo”, sino como tú”: pues ninguno de los ideales o instituciones temporales de ninguna tribu, raza, continente, clase social o siglo puede ser la medida de la divina existencia inagotable y maravillosamente multifacética que es la vida de todos nosotros".

J. Campbell, El héroe de las mil caras, FCE, México, pp. 343-345.


Esto no significa para mí que haya que tomar esta explicación como única o fundamental para entender el origen de las mitologías, pero sí me parece que pone a las sociedades estudiadas en un contexto que las define bastante y que no se suele tener muy en cuenta a la hora de tratar de comprender su pensamiento, arte y religión. Porque justamente se trata de aquello que el ser humano desconoce y lo asombra, y por lo tanto lo atrae y lo pone en constante movimiento.
También me gusta el giro último que no le quita mérito a las ciencias de la modernidad pero que tampoco se conforma con el enfoque solipsista o de monismo metodológico en el que comúnmente caen. Sobre todo en un mundo como el de hoy en el que, como dice, los límites de cada sociedad particular, los límites de cada saber, pierden sentido verdadero vistos aisladamente, siendo que es absurdo pensar que sólo nuestra acotada visión de la realidad es absolutamente válida en todo momento y para todos, sobre todo conociendo la variedad de culturas, costumbres y creencias de buena fe que pueblan el planeta.

miércoles, 17 de junio de 2015

Res antiquae: 1.Petroglifos animales norteafricanos

En esta sección del blog que inauguro voy a ir subiendo información, fotos y mis impresiones acerca de cosas antiguas (de ahí el título) que me asombran y me gustan por lo que sea. Me parece una buena manera, además, de acercarle a otro lo que voy aprendiendo de las culturas antiguas de todo el mundo y así poder hacerle llegar, al que le interese, ese mismo impacto que lo estudiado causó en mí.

El tema de hoy son los petroglifos (petros, piedra + glyphw, tallar) con motivos animales de África. Con lo cual empezamos con cosas más antiguas que las antiguas, ya que las que expongo aquí datan del neolítico (hace 6000-8000 años)!! Subo 3 imágenes de hallazgos en el norte de África, alrededor del Sahara, pero hay miles y miles más por todo el continente. En la página del Museo Británico están recopilando y subiendo fotos de todo el arte rupestre (pinturas también) del continente, pero por ahora sólo tienen del norte:



Dabous giraffe. Western Aïr Mountains, Niger
Níger: jirafas con lujo de detalle grabadas en la cima de un pequeño promontorio en el desierto (desde el suelo no se ven). Me imagino al autor mirando el paisaje desde allí, que sería a la vez su asiento y su lienzo.




Libia: jirafas con las manchas hechas con puntadas, en vez de estar delineadas como la foto anterior. El estilo de este tallado me encanta: la suavidad de las líneas que forman las patas, la simpleza de las facciones de la cabeza y lo original (a mí no se me hubiera ocurrido, por lo menos) de la técnica para las manchas.




Sleeping Antelope Tin Taghirt.jpg
Algeria: antílope durmiendo. En este me llaman poderosamente la atención los detalles, la perspectiva y la elección de la postura. También es interesante los huecos para los ojos y la nariz. Me imagino algún ritual chamánico asociado al petroglifo, para conseguir ser el puente entre el mundo de los sueños y el de la vigilia, entre el otro mundo y éste.



Me sigue pareciendo increíble que existan estas cosas; por eso seguiré subiendo más a medida que las encuentre, las ordene o me acuerde.


sábado, 9 de mayo de 2015

¿Y después de la posmodernidad, qué?

La posmodernidad, tan difícil de definir, siempre tuvo para mí una característica esencial que me ayuda a comprenderla un poco: la crítica del criticismo. Desconozco si alguien ya lo pensó (lo cual es muy probable), así que me explico siguiéndome a mí mismo:
La filosofía moderna se caracterizó, en gran parte, por su espíritu crítico de la filosofía clásica (la metafísica, en particular) y por la militancia, digamos, con la que difundió este espíritu. Ejemplos claros del primero son Descartes, Hume, Kant y Nietzsche; y de la segunda, el positivismo en general (orden y progreso para todos; sobre todo nuestro orden, el único válido) y el colonialismo europeo.
Ahora bien, estas dos particularidades, que tan bien funcionaban juntas, fueron fermentando a lo largo del tiempo hasta crear una paradoja incluso en las mentes de los mismos modernistas. Porque la crítica es tal en cuanto es reciente y, por lo tanto, no-tradicional. Con lo cual, el problema que vivimos hoy en día con respecto a esto es que la modernidad se ha vuelto ya una tradición que debe ser criticada. Muchos aspectos de ella nos resultan arcaicos, muchas ideas quedaron obsoletas o sin el campo de acción del que nacieron. El tremendo avance tecnológico, por ejemplo, ha hecho que nos sintamos en un mundo totalmente diferente al del siglo XVIII, con sólo 300 años de distancia (cosa que no pasaba tanto, creo yo, en épocas pasadas a la nuestra). Además, después las dos guerras mundiales no queremos tener nada que ver con las personas que las originaron y nos hemos desilusionado de la promesa positivista. Es más: diría (y no sería el primero) que ya desde la muerte de Hegel (que básicamente se anunció como un profeta del Absoluto, designado para revelar el fin último de la Historia) la gente se fue convenciendo cada vez más de la exacerbada vanidad que envolvía al espíritu moderno y de que el final del progreso no estaba para nada cerca, y tal vez nunca lo estuviera.
Resumiendo: los posmodernos tenemos una tradición que nos impone el deber de criticar las tradiciones. Por lo tanto, es como tener un padre que ordena: "¡Debes criticar!" Si le hacemos caso, no lo estamos criticando, porque le hacemos caso. Si no le hacemos caso, no lo estamos criticando, que significa que le hacemos caso. El resultado es una gran crisis de identidad, en la que estamos completamente desorientados y por eso no nos podemos diferenciar de él (de ahí "post-moderno"), aunque queramos hacerlo hace rato.
Y esto es verdaderamente un problema, porque parte de madurar implica diferenciarse sanamente de los padres, reconociendo también que somos consecuencia de su crianza y por lo tanto compartimos ciertas características esenciales. Entonces, la paradoja se podría resolver ni afirmando ni negando el imperativo de la modernidad, sino pensando primero quién nos lo dice, por qué y para qué, para luego decidir si estamos de acuerdo o no. En términos más concretos: si no nos paramos a pensar si realmente las llamadas pseudo-ciencias, o las religiones son falsas o peligrosas (cuáles, por qué, según quién, en qué casos y para qué aspectos de la vida), estamos repitiendo a la ciencia por repetirla, desde su voz en vez de la nuestra (y esto me lo digo a mí mismo también, que en este punto es algo que me cuesta). Y eso sería una verdadera crítica de la crítica, pero no desde el "mandato paterno" sino desde lo que queremos ser como individuos, como sociedad y como especie. O, por ejemplo, en el caso opuesto, si por diferenciarnos de la modernidad por el simple hecho de ser diferentes hacemos alarde de respetar las distintas manifestaciones humanas, pero en el fondo creemos que la sociedad estaría mejor sin tanto extranjero amenazante, tenemos un serio problema de hipocresía, dobles estándares y necedad (necio es el que no quiere conocer la realidad y se conforma con lo que ya sabe o repiten los demás acerca de ella; una verdadera crítica no puede partir jamás de esto). Y pongo este caso como ejemplo porque veo y siento que estamos degenerando socialmente en este sentido (o se esconde o no, pero parece un fenómeno global importante): la gente se ha cansado del pluralismo, o de pretender que es pluralista cuando no lo es. Puedo estar equivocándome o que sea algo localizado en mis alrededores (y espero que así sea), pero cada vez escucho más gente quejándose a viva voz de los privilegios que en vez de poder recibir su grupo familiar/social/económico/racial/nacional lo reciben otros. Cuando, en mi humilde opinión, deberían pedir que todos tengan privilegios según su necesidad, con lo cual dejan de ser privilegios, a menos que alguien los necesitara particularmente más que otros (en cuyo caso se vuelven necesidades).
En conclusión, creo que la posmodernidad está dejando la adolescencia y está empezando a avanzar hacia su cumbre, muy de a poco. Y me preocupa que nos agarre la crisis de los 40 sin haber resuelto quiénes somos, quiénes queremos ser, por qué y para qué, sin tener en cuenta a los demás y despilfarrando recursos en cualquier cosa. 











jueves, 16 de abril de 2015

Textos para rumiar 1

En esta sección van a ir textos que me llaman la atención y me dejan pensando (o que expresan pensamientos que me inquietan -en el buen sentido- desde siempre). Las negritas son mías y resaltan ideas que comparto o con las que me siento identificado. 
Hoy, damos la palabra a Erwin Schroedinger, que parece que tenía toda una filosofía escondida, opacada por el gato de la caja (los gatos siempre queriendo ser el centro de atención...):

"Supón que estás sentado sobre un banco en un camino de un paraje de los Alpes Altos. Alrededor tuyo ves lomas con hierba salpicadas de rocas, en frente una pendiente con un campo de pedruscos con matorrales de álamos bajos. Abruptos tajos con espesa vegetación se alzan hasta muy arriba de los pastos alpinos carentes de árboles. Delante tuyo las cimas coronadas de nieve, cuyos escarpados riscos se suceden con lomas nevadas y se sumergen en el rosa tierno del sol que se despide contra un firmamento de un azul pálido.
Todo esto, que ven tus ojos —de acuerdo con nuestra concepción usual— ha estado aquí, con pequeños cambios, desde hace milenios. Dentro de un ratito —no mucho tiempo— tú ya no estarás mientras que el bosque, las rocas y el cielo seguirán así invariables después de ti.
¿Qué es eso que te ha reclamado repentinamente de la nada para que goces un rato de este espectáculo que ni siquiera repara en ti? Todas las condiciones de tu ser son casi tan viejas como la roca. Desde hace milenios los hombres han ambicionado, sufrido, criado; las mujeres han parido con dolor. A lo mejor hace cien años otro estaba sentado en este lugar y contempló al igual que tú, con idéntico recogimiento y melancolía en el corazón, esas lomas candentes. Había sido engendrado por un hombre y nacido de una mujer al igual que tú. Sentía dolor y alegría como tú. ¿Era otro acaso? ¿No eras tú mismo? ¿Qué significa este tú mismo? ¿Qué condiciones hacen falta para que este engendrado se convierta en ti, justamente tú y no otro? ¿Qué sentido científico claramente comprensible ha de tener ese otro? Si la que es hoy tu madre hubiera cohabitado con otro y le hubiera dado un hijo, y de igual manera tu padre, ¿hubieses llegado a ser tú? ¿O quizás tú en ellos, en el padre de tu padre... ya desde hace milenios? Y si así fuera, ¿por qué no eres tu hermano, ni tu hermano tú, ni uno de tus primos lejanos? ¿Qué es lo que te permite descubrir una tal obstinada diferencia —entre tú y otro— si objetivamente la situación es idéntica?
Desde este punto de vista y a partir de este razonamiento puede ocurrir que de repente se ilumine la profunda razón de ser de aquellas motivaciones védicas: es imposible que la unidad, este reconocimiento, el sentir y querer que tú llamas tuyo haya salido de la nada en un cierto momento (no hace mucho tiempo); más bien este reconocer, sentir y querer es esencialmente eterno e invariable y numéricamente es sólo uno en todos los hombres, o mejor dicho en todos los seres sensibles. Pero no así que tú seas una parte, un trozo de un ser eterno e infinito, un aspecto, una modificación de él, como lo quiere el panteísmo de Spinoza. Pues esto continuaría siendo la misma incomprensibilidad: ¿qué parte, qué aspecto eres justamente tú?, ¿qué te diferencia, objetivamente, de los demás? No, por muy incomprensible que parezca al intelecto común: tú —e igualmente cada ser consciente tomado por separado— eres todo en todo. Por ello tu vida, la que tú vives, no es un fragmento del acontecer mundial, sino en cierto sentido, la totalidad. Sin embargo, esta totalidad está compuesta de tal forma que no se puede abarcar con una mirada. Como se sabe es esto lo que los brahamanes expresan con la sagrada, mística y sin embargo sencilla fórmula: tat twan asi [esto eres tú]. O también con palabras como: yo estoy en el este y en el oeste, estoy abajo y arriba, yo soy la totalidad del mundo".

E. Schroedinger - Mi concepción del mundo.

Y yo agrego: ¿Por qué causa más angustia lo que pasará después de muertos que lo que pasó antes de existir, si tarde o temprano nos vamos a enterar de lo primero mientras que lo segundo tal vez no lo sepamos nunca? ¿Cómo pude haber sido antes de haber sido? ¿Pude haber aparecido yo (mi yo personal y, por decirlo de alguna manera, esencial) desde la nada misma? ¿O qué era antes de ser?
Interesante también la última parte de la cita, que me hace recordar muchísimo al perspectivismo de Ortega y Gasset, del cual seguramente hablaré en algún momento.